sábado, 4 de diciembre de 2010
Saltan las chispas;
Adoro tu pelo rubio oscuro, o como tú dices, castaño claro. Adoro tus ojos color miel, o como tú dices, marrones, a secas. Adoro tus escasos 1.63m., o como tú dices, lo suficiente. Adoro tu torpeza, tu ingenuidad, tu inocencia y tu picardía. Amo la forma en la que ríes, como si el mundo entero se parase un instante. Y esa forma de abrazarme, cuando discutíamos y estaba a punto de llorar. Esas son las cosas que adoro de ti, ¿te digo las que odio? Odio que digas que tus ojos son, marrones, a secas, como si no fueran especiales, pues sí que lo son, más que todos los verdes y azules del planeta. Odio cuando decías que tus 1.63, eran un castigo, porque para mí, tan pequeñito, y eres lo más grande. Odio que odies tu torpeza, odio que odies tu ingenuidad, tu inocencia y tu picardía. Odio que critiques tu forma de reir, que te averguenze, porque es lo más hermoso del mundo. Odio que, siempre me dieras la razón, hasta cuando estaba equivocada, porque me hacía sentir como si no te mereciera, demasiado bueno, para ser verdad. Y por último, quiero decirte que te echo de menos. Me despierto por las noches, preguntándome qué estarás haciendo en ese intante, si estarás pensando en ti, si me echarás de menos también. Hay veces que miro la luna, y me siento un poco mejor, porque quizá te acuerdes de lo que un día juramos, quizá estés mirando la luna, como yo, al otro lado del mundo. Quzá sí que te importé, quizá si que recuerdes ese 30 de Julio, quizá, yo no sea la única que le hubiera gustado, quedarse en ese día.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario